A los 68 años, se fue un grande del periodismo: Carlos Poggi, fanático del Ciclón y pluma destacada de El Gráfico. Lo despedimos con una anécdota que lo pinta como una persona excepcional.

Todavía recuerdo con frescura cuando conocí personalmente a Carlos Poggi. Inicialmente habíamos cruzado un par de correos. Sus excepcionales artículos de El Gráfico, revista que supo posicionar nuevamente al mejor nivel durante su dirección, motivaban mis felicitaciones o consultas por temas vinculados al mundo del deporte. En ese intercambio de palabras electrónicas, quien escribe no sabía que Poggi además de ser un excelente periodista era fanático del Ciclón.
Pero quiero volver a cuando lo conocí, allá a mediados de 2007. Estaba terminando de escribir San Lorenzo de los Milagros. Mi mayor preocupación en aquel entonces era la fotografía para la tapa del libro. Durante mi búsqueda conseguí más de 500 imágenes de ese histórico 1982. Pero ninguna me convencía para la portada. Sabía que El Gráfico tenía una especial, del famoso partido con Tigre en el Monumental. Era la de los jugadores saliendo del túnel, con todo el estadio repleto de cuervos.
La foto en cuestión era muy conocida y era la postal de ese fenómeno social. Era hermosa, pero nada original para ilustrar una tapa. Consideré que El Gráfico habría sacado más fotos de ese partido, y por lo tanto más tomas de ese momento en que San Lorenzo salía a la cancha para enfrentar al Matador. Telefónicamente le transmití mi inquietud y él, serio y con vos firme, me dijo sin tutearme: “Véngase a la redacción a ver si lo puedo ayudar”.
Llegué a la redacción de El Gráfico y me deleitaba con todas las imágenes históricas de la revista, muchas de ellas que me llevaban a mi infancia cuando todos los lunes a la noche la esperaba ansioso en el kiosco de diarios más cercano, con la ilusión de ver al Ciclón en la tapa. “Venga, pase”, dijo Poggi cuando me vio sentado esperándolo.
El hombre tenía en su mesa un cd con la foto que le pedí y algunas más. Dicen que en el periodismo hay que ser atrevido. Yo no lo fui. Lo fue él, que me posibilitó tener unas fotos de la hinchada de San Lorenzo que hoy engalanan el libro. No sólo conseguí la imagen para la tapa, que jamás la había visto en la revista (la que el Gráfico había utilizado era de unos segundos antes), sino también varias de la Bombonera cuando el Ciclón igualó con Deportivo Español.
“¿Qué le debo, jefe?”, pregunté regalado. Me miró y me dijo: “Sólo mencioná que la fotografía es de El Gráfico, nada más. Entre cuervos está todo bien”, respondió mientras me tocó el hombro en un gesto que jamás olvidaré. Guardé ese tesoro y emprendí la finalización de mi libro que, sin dudas, tiene a Carlos Poggi como un gran protagonista.
Luego, fue un placer verlo en cada entretiempo de los partidos del Ciclón en el Bidegain. Charlar y opinar sobre la actuación del equipo era una clase para uno que tiene pocos años en la profesión. Siempre atento, amable y solidario, hasta cuando incursionó en los últimos años un lugar en Fox Sports.
Ayer nos enteramos del deceso a los 68 años de un periodista que prestigió la profesión. Físicamente no estará con nosotros, pero su pluma y enseñanzas perdurarán, al igual que sus gestos de buena persona, como el que tuvo con este colega al que poco conocía. Carlos Poggi, en una sola acción mostró que fue un magnífico periodista, un cuervo de ley y, por sobre todo, lo que se dice un gran tipo.
Marcelo Buontempo
Redacción Mundo Azulgrana