San Lorenzo, el padre de Boca desde el primer minuto, celebra otro triunfo clásico. Los cuervos, arriba, vuelan sobre los hijos de la Ribera. A continuación la columna del hermano cuervo Eduardo Bejuk.

Subite a esta montaña rusa, HIJO MIO, y experimentá la locura de ser de San Lorenzo. Vivís, morís y renacés, todo en el mismo instante, mágico y sagrado, único y palpitante, dale que PAPA te paga la entrada si te animás al vértigo y te ponés azulgrana.
Piel de cuervo, rehén de toda esperanza, es la gloriosa bandada que desanda Catamarca: va como un Quijote, con el orgullo invicto, y te explota la cancha, desgarra la garganta, porque las copas se oxidan, la honra se defiende o se mancha, pero la esencia de un sentimiento no perece jamás en las malas. Algún día lo entenderás, cuando seas más grande.
NO LLORES, HIJO MIO, si te aplastó la avalancha, que ahí vuelve el aire, espeso de grito de gol, húmedo de lágrimas que de alegría te refrescan el Casla, bombeando en el cuore, tocado por un ANGELITO que bate las alas y no lo alcanzan, y se ríe, y vuela, y nosotros con él, Padrenuestro que estás en el césped, maravillado sea Boedo, fíjate qué lindo se pone este cielo, pletórico de Cuervos en pleno festejo.
NO HAY ROMANce como éste, PADRE E HIJO en sintonía: un siglo de armonía, en el Universo del fútbol nuestro. Volá, Cuervo, volá, con Torrico de palo a palo, volá que no hay tristeza, que estamos hecho de utopías, que vuelan todos, tu viejo, tu abuelo, tu hermano, vuelan por Cuervos, por Angelitos, por locos, por soñadores de tablones nostálgicos, vení, Torrico, volá y sentí, el loco berretín, que tenemos para vos. Nacimos para sufrir, para gozar y para sentir. Nacimos Cuervos, de un Ciclón que surcó mil sueños, de Avenida La Plata al mundo, allí donde un loco se aferre a su bandera.
Ya lo dijo Francisco, Santo Padre y de San Lorenzo: todos somos hermanos. Y los Juniors, hijos nuestros...
Nota: Eduardo Bejuk
Marcelo Buontempo
Redacción Mundo Azulgrana