Mientras el club atraviesa una grave acefalía dirigencial y dificultades económicas, el técnico apuesta por juveniles, mantiene la competitividad y encamina al equipo hacia objetivos internacionales.

San Lorenzo atraviesa una de sus peores crisis institucionales de la historia. La fragilidad económica y la acefalía dirigencial que hoy afectan al club manifiestan un contexto complejo, casi terminal. A pesar de este clima revoltoso, el plano deportivo está respondiendo favorablemente. Y eso es, en gran parte, gracias al piloto de tormenta que sobrevuela Boedo: Damián Ayude.
El entrenador, de gran paso por la Reserva —en la que logró que el Ciclón disputara las últimas dos finales del Torneo Proyección—, está liderando un trabajo que sorprende gratamente a propios y extraños. Es muy difícil asumir este compromiso con la debilidad institucional y económica que hoy exhibe San Lorenzo.
Además, lo hizo “sin excusas”, como inmortalizó Julio Lamas cuando llegó a Boedo para hacerse cargo del básquet profesional. Ayude, además de lograr buenos resultados con los recursos limitados de los que dispone, nunca puso reparos ni miró hacia atrás. Habló lo necesario, sin polemizar. Incluso supo cuándo y cómo declarar ante la escalada de conflictos que se suceden día a día en San Lorenzo.
Ayude fue presentado por el entonces presidente interino Julio Lopardo, pero visitado en las prácticas de manera casi clandestina por Marcelo Moretti, presidente en licencia tras haberse guardado 25 mil dólares en su bolsillo. Después, los vaivenes que todos conocen, hasta llegar a una situación terminal: la acefalía. Este escenario, molesto e incómodo para el trabajo del entrenador, no alteró sus objetivos: el foco siempre estuvo en el funcionamiento del equipo.
Con pasión por su trabajo y, sobre todo, con mucho conocimiento de la materia prima que administra, el DT generó un elenco competitivo, con aspiraciones a objetivos importantes. Y otro dato: no incorporó jugadores en el último mercado de pases. Los refuerzos los trajo él, de la cantera. Hoy todos estos chicos, que muestran un gran compromiso y entusiasmo por vestir la azulgrana, han crecido considerablemente y no solo en lo deportivo: también en su cotización, algo clave para el San Lorenzo de estos tiempos.
A pesar de su juventud para el puesto —es la primera vez que Ayude dirige un equipo de Primera División—, no le tembló el pulso para apostar por juveniles, aunque eso significara relegar a profesionales como Andrés Vombergar y Diego Herazo. Con el piberío, está entre los puestos de arriba en su zona y con grandes posibilidades de clasificar a la Copa Sudamericana. Otro dato: desde su llegada, el Ciclón está invicto en el Pedro Bidegain sin recibir goles.
“Intentamos ser ajenos a lo que sucede en el club; tenemos un pacto con los jugadores. Los chicos quieren a San Lorenzo por sobre todo y quieren ganar para darle una alegría a la gente”, remarcó el técnico. Ese mensaje, que puede parecer una frase hecha, tiene un sentido. El compromiso en pos de un objetivo: el equipo ante todo. Y ahí, con esta base sólida, empiezan a llegar los resultados.
Seguramente hay cosas para corregir y mejorar. Partidos que, incluso por errores propios, San Lorenzo no pudo superar. Pero jamás se han escondido; todo lo contrario. Saben que hay una tormenta muy fuerte de frente, con rayos que caen desde cualquier lado, pero con la convicción del entrenador y sus jugadores, el vuelo se mantiene firme y con un horizonte claro a pesar de la tormenta.
Marcelo Buontempo
Redacción Mundo Azulgrana