El centro de la ciudad, la sede de Godoy Cruz, el Hotel Diplomatic, el Estadio Malvinas Argentinas, el Cerro de la Gloria. Todo eso en una jornada que se cerró con un poco de adrenalina.

Siempre es lindo seguir a San Lorenzo, y si el partido es en otra provincia tiene un sabor especial. Esperar el micro, subirse junto a otros cuervos, vivir el viaje con gente que comparte un sentimiento. Cosas que logra el fútbol.
Esperar una hora en Liniers puede ser un comienzo poco afortunado. Pero nunca hay que ponerse fastidioso cuando la aventura recién comienza. Siempre puede pasar algo peor.
Habían pasado unos minutos de las 12. El lunes recién comenzaba, no muy bien para nosotros. La parada para cenar era Junín. Pero algunos inconvenientes de hinchas de otro micro hicieron demorar a la delegación cuerva unas tres horas. ¿Qué hicieron? No vale la pena contar las “hazañas” de algunos inadaptados.
El micro arribó a la Ciudad de Mendoza a las 14. El primer paso fue tomarse un taxi hasta Balcarce y Lencinas, en Godoy Cruz. Allí se ubica la sede del Tomba y era el lugar donde debía retirar mi credencial de periodista. El taxista se mostró muy amable y comentaba el apoyo que tiene el equipo por parte de la provincia. “Yo soy de Independiente Rivadavia, pero quiero que a Godoy Cruz le vaya bien porque es de Mendoza”, me remarcó.
A unas dos cuadras hay un pequeño shopping que visité. Sí, ya sé que son iguales que los de Buenos Aires. No fui a comprar nada, sólo necesitaba usar el baño. Luego, otro taxi para volver hacia atrás. El siguiente paso fue el Hotel Diplomatic, encallado en la avenida Belgrano. Allí se encontraba hospedado el plantel profesional del Ciclón. Lamentablemente no pude ver a nadie porque estaban descansando en sus habitaciones
Luego de almorzar algo, con gran parte del grupo nos subimos a un colectivo de la línea 3. El destino era el Cerro de la Gloria. Por supuesto que el viaje tuvo la presencia de las melodías de los cuervos. Un muchacho se subió al bondi con un gorro de Boca y cara de mucho miedo. Un cuervo le dijo muy atinadamente: “Pasá tranquilo que papá invita”.
Ver la Cordillera de los Andes desde el cerro es algo espectacular. Son paisajes distintos, para que la vista disfrute cada segundo de semejante majestuosidad.
Luego de la escalada me separé del grupo. Tenía que acercarme al Estadio Malvinas Argentinas para salir al aire para Mundo Azulgrana Radio con toda la previa del partido.
El encuentro fue positivo porque San Lorenzo ganó y lo vi acompañado de un amigo: Mario Benigni. Al finalizar el cotejo, la misión era ir a vestuarios para dialogar con algunos protagonistas.
Una vez terminado mi trabajo debía apurarme para encontrarme con el micro. A todo esto, la coordinadora no me atendía el teléfono. ¿Para qué lado iba a ir? Fueron momentos tensos que se apaciguaron gracias al taxista. Un tipo macanudo como pocos. Se olvidó que tenía un Corsa y lo pisó como si manejara un vehículo de Turismo Carretera. “Yo vi por dónde iban los micros. Vamos que los alcanzamos”, aseguró. La adrenalina comenzaba a apoderarse mi cuerpo.
Mientras tanto, el celular no paraba de funcionar. Seguía tratando de comunicarme con el micro, hablé con gente de Buenos Aires para que me dieran una mano también. Hicimos varios kilómetros en la ruta, pero no los alcanzamos y debí bajarme en San Martín. La idea de pasar la noche en Mendoza iba tomando forma.
Por suerte comencé a recibir respuestas. El micro se había dignado a parar unos 15 kilómetros adelante. El chofer del micro se había encaprichado en que no podía detenerse. Bien merecido tuvo los “!Dale gordo¡” que recibió durante el viaje.
En la estación de servicio de San Martín comencé a encarar camioneros para ver si alguno me podía alcanzar. Estos no eran tan amables como el taxista. Claro, no tengo ni culo ni tetas, era imposible que alguno quisiera darme una mano.
Finalmente, me mandaron un patrullero para que me busque y me lleve hasta el micro. Viajar en la parte de atrás del móvil policial es algo feo e incómodo. Está todo enrejado y el asiento es muy duro. Me sentía un chorro. Por suerte los policías eran buena gente y me hablaban de fútbol.
La sensación de quedar varado en un lugar que no conocés no es para nada linda. Pero la gente de Mendoza, incluyendo a la policía, siempre respondió de manera amable y educada.
Ya en el micro, me quedé despierto hasta que el sueño me ganó. Demasiadas cosas para un solo día. Y encima ganó San Lorenzo. Que lo parió.
Marcelo Buontempo
Redacción Mundo Azulgrana



