En una misma tribuna, dos cuervos ven las cosas de diferente modo. Uno le caía a Ramón Díaz, el otro le pedía aliento. Ninguno pudo evitar la derrota ante Racing.

Las bengalas prematuras irrumpieron en la popular local. Algunos mini fuegos artificiales iluminaban tempranamente la oscuridad del Pedro Bidegain.
Por un momento, pensé que había vuelto en el tiempo y que Andrés Calamaro seguía teniendo los rulos al estilo permanente y se encontraba un escalón abajo mio. Supe que eso era una fantasía y comencé a creer que se trataba del Pipo Gorosito. Pero cuando el pibe de rulos se dio vuelta para buscar cómplices, me dí cuenta que simplemente era un Cuervo en busca de seguidores de pensamientos.
Desde la jugada siguiente al gol de Botinelli, el de rulos gritaba que Ramón Díaz es un cagón. Que siempre que hace un gol se mete atrás.
Rulos: ¡No te metas de nuevo atrás, cagón! ¡Empatamos con Gimnasia por tu culpa!
Debido a que soy muy observador, pude ver entre los rulos del Cuervo, que un escalón debajo de él había un hombre con gorra roja que por momentos dejaba de ver el partido para mirar fijamente al pibe de rulos que no paraba de gritar cosas como: “¡Nos van a empatar, Ramón…sacalos para adelante! ¡Sacalos!”
De a poco, el duelo entre el de rulos y el de gorra roja tenía casi la misma emoción para mí, que el San Lorenzo- Racing que se jugaba más abajo.
No sé como el DT. no se dio cuenta que Racing seguía atacando por la punta del pibe Palomino y desgraciadamente, como el de rulos dijo, Racing empató.
A partir de allí, comenzó una guerra:
Rulos: Estoy cansado de que cualquier equipo de mierda nos haga partido, de que regalemos la pelota a todos los que vienen al Nuevo Gasómetro. ¡¡¡Bastaaaaa!!!
Se ve que esto le pegó duro al de gorra roja porque por primera vez le contestó: “Papá, si querés ganar hay que alentar. Alentando hacemos los goles”.
El tono tenía algo de amenazador y por un momento creí que el de rulos se iba a quedar en el molde, pero no fue así; el de rulos se acercó a la nuca del de gorra roja y comenzó a gritar:
“DALE LOCO, VAMOS A ALENTAR…DALE QUE SI CANTAMOS TODOS VELÁZQUEZ LA EMBOCA!!! DALE!!!! YO ERA CUEEEERVOOO DESDE QUEEE, DALE LOCO…TENEMOS QUE CANTAR ASI PALOMINO EMPIEZA A MARCAR!!!! ESTABA EN LA CUNAAAAA, A SAN LOREEEEENZOOO CADA VEEEZ, DALE CHEEE.CANTEN ASI MIGLIORE NOS SALVA UN PARTIDO!!! LO QUIERO MÁAAS.
Algunos rieron. Otros seguían tan compenetrados mirando el partido que hicieron caso omiso a lo que sucedía.
Los minutos siguieron pasando y Racing clavó el segundo. El de rulos parecía sacado: “ESTA CAMPAÑA VOLVEREMO A ESTAR CONTIGOOO….QUE PASA?? ESTOY CANTANDO A MORIR Y NO LO EMPATAMOS. ¿ESTO FUNCIONA?
Una vez en el auto, comencé a pensar quién tenía razón. Me alejé un poco del de gorra roja y el de rulos y comencé a pensar en esos equipos Azulgranas que dejaban todo en la cancha. Que no eran imbatibles pero que ninguna persona podía reprocharles nada. Que corrían, metían, dejaban todo en la cancha. Jugadores que salvaban partidos, que hacían goles, que encaraban sin ningún problema.
Me entristecí. Pensé que si esto sigue así, con el correr de los años voy a llevar a un posible hijo a comprar una camiseta de San Lorenzo y cuando el vendedor me pregunte “¿Qué número le ponemos?”, voy a terminar contestándole algo muy doloroso para la historia de San Lorenzo: “No sé”.
Nota: Leandro Rebreg
Marcelo Buontempo
Redacción Mundo Azulgrana