La resiliencia, el carácter y la inteligencia de Leonardo Costa revitalizaron a San Lorenzo en el básquet, manteniendo su lugar en la élite a pesar de las adversidades.

En tiempos de vacas flacas y tormentas institucionales, Leonardo Costa demostró que un buen entrenador no necesita lujos, sino ideas claras, convicción y liderazgo genuino. Llegó a San Lorenzo de Almagro como asistente para la temporada 2022/23, pero el flojo comienzo del Ciclón, sumido en el temor del descenso, le abrió la puerta para tomar el mando.
Lo hizo en un momento crítico, sin excusas ni estridencias, con un equipo disminuido por lesiones (sin sus internos Fernando Podestá y Julián Aprea) y limitaciones presupuestarias. Su primer gran logro fue salvar la categoría: con un planteo defensivo magistral, venció a Atenas de Córdoba en una dramática serie 3-2, provocando el primer descenso en la historia del mítico club cordobés.
La temporada siguiente, aún bajo la anterior conducción dirigencial, mostró a un San Lorenzo mejor armado. Sin embargo, la diferencia principal estuvo en el banco. Costa potenció lo que tenía: logró meter al equipo en playoffs, eliminó a su rival de Octavos y quedó eliminado en cuatro partidos ante Boca Juniors, futuro campeón, en Cuartos de Final. El quinto puesto final en la tabla general y la clasificación a un torneo sudamericano no fueron casualidad, sino consecuencia directa de su trabajo paciente y ambicioso.
En la Liga Sudamericana, la historia se tiñó de épica. A pesar de condiciones indignas para un equipo profesional —viajando 300 kms hasta Colón en micro de línea y posteriormente, tras una escala de varias horas cruzar hasta Uruguay—, San Lorenzo venció en la semifinal a Olímpico de La Banda y peleó la final hasta los últimos suspiros ante Nacional de Montevideo. Cada vez que parecía que el equipo podía claudicar, Costa sacaba fuerzas desde la táctica y la motivación, construyendo un colectivo solidario, combativo y con un sentido de pertenencia inquebrantable.
Los problemas económicos, lejos de desaparecer, se acentuaron: jugadores impagos tras el propio acuerdo que realizó la gestión de Marcelo Moretti e incumplió en sus primeras cuotas, llegó la sanción de FIBA, que dejaron a piezas importantes como Pérez y Rutemberg inhabilitados por seis juegos, y una plantilla reducida a su mínima expresión. Pese a todo, San Lorenzo jamás se entregó.
Incluso cuando, por falta atraso en los sueldos, perdió dos piezas clave en ofensiva: Sebastián Lugo y Federico Grun. Vale resaltar que por Lugo, San Lorenzo contaba con los derechos de formación, pero se desconoce si el club le cobró a Regatas por ello. Al menos, jamás se informó.
Con planteles cortos, sin extranjeros, con su capitán lesionado (Pérez) y fuera por toda la temporada, Costa sostuvo la estructura, la identidad de juego y el compromiso innegociable. Incluso, algunos periodistas no lo descartan que esté entre los mejores entrenadores del año, junto a Gonzalo Pérez y Sebastián González, de Boca y Riachuelo respectivamente.
Ganar en Zárate el domingo pasado para evitar el playout, y aún mantener viva la ilusión de meterse en los playoffs, es la coronación de una campaña digna de admiración. Este equipo que conduce Costa no sólo le ganó a los rivales en 15 oportunidades, también a diferentes adversidades.
Leonardo Costa no solo salvó a San Lorenzo. Le devolvió el espíritu. Su desempeño, muchas veces en silencio y sin estridencias mediáticas, es una lección de liderazgo auténtico: construir en medio del caos, competir aun cuando las condiciones parecen imposibles, y jamás traicionar la esencia de un equipo que, como su entrenador, nunca dejó de creer. Ante su gestión en el rectángulo de juego, y el caos que reina en el club, es más que probable su renovación para la temporada que viene.
Marcelo Buontempo
Redacción Mundo Azulgrana