Entraron dormidos y quedaron abajo 0-2, pero a pesar de la lluvia, el frío y el barro, no renunciaron a jugar y dieron vuelta el clásico: 3 a 2 para festejar.

Se sufrió como un partido de fútbol. Pero esos partidos que se juega con pasión, por el orgullo del barrio. La camiseta era el único motivo que fomentaba esas ganas de ganar. No importó para nada la lluvia, y menos el frío. Tampoco el barro que tapó al pasto y privó a los chicos de jugar con mayor tranquilidad. Se raspó tanto como un clásico de antaño, metiendo todo. Pero jamás faltó la lealtad, el juego limpio y el espíritu de la no violencia.
Mundo Azulgrana necesitaba los tres puntos para no perderle pisada a Infierno Rojo, que ganó los cuatro partidos que disputó. El elenco representativo de San Lorenzo había caído en el debut con La Mitad Más Uno y luego se recuperó ganándole a Dale Fortín. El domingo llegó Patria Quemera. Todo comenzó torcido, todo terminó derecho.
A los diez minutos, el equipo del Globo se puso en ventaja dos veces. El 2 a 0 mostró distracciones y falta de concentración en los chicos del Ciclón. Parecía difícil la remontada por el estado del campo de juego. Emiliano Rodríguez Leone, el DT de Mundo Azulgrana, pregona un juego corto, compacto y siempre tocando por abajo, para aprovechar la velocidad de sus futbolistas, sobre todo de los delanteros.
Otro conjunto, en las mismas circunstancias, hubiese recurrido al juego físico, al pelotazo y los remates de corta y media distancia. Pero no fue el caso del cuervo. Antes de terminar la primera etapa, en polémica acción, Agustín Ferri, goleador del certamen para Mundo Azulgrana, descontó. El entretiempo sirvió para calmar un poco la excitación del clásico y reordenar algunas cosas. Había fe y confianza para revertir el resultado.
Mejor parados, los chicos comenzaron la segunda etapa más punzantes que Patria Quemera. El arco azulgrana no tuvo mucho trabajo, salvo una que al final tapó Leandro Rebreg cuando se la quisieron picar. Lucas Chuzza y Damián Weintraub fueron un relojito y lograron que los avances, con Joaquín López y Federico Suárez, sean certeros. El primero, en la primera pelota parada que tuvo, la mandó a guardar con un zurdazo que descolocó al inseguro arquero quemero.
Con el empate, el equipo azulgrana se tranquilizó más. Facundo Milone marcó los tiempos en la mitad de la cancha y Fernando Bagnera aportó sacrificio y juego para abastecer a Ferri y Maximiliano Álvarez. Luego, más allá de los cambios que realizó el DT cuervo, el equipo no se resintió. Siguió buscando. Y el que busca, encuentra. Mundo Azulgrana encontró el tercer tanto luego de un centro desde la izquierda para que Ferri (sí, otra vez Ferri) convierta el gol del triunfo.
La locura del último tanto desató las tensiones de los suplentes. Alejandro Macció, el asistente técnico, pedía calma y buscaba parar la pelota. La desesperación ya era para el Globo. Ignacio Bonavena cruzó con quite a un par de avanzadas quemeras, que podían poner en peligro a las manos de “Leli”. Algunos tiros de esquina fueron sus armas de peligro, pero no más de eso.
El árbitro, correcto en líneas generales, adicionó tres minutos. Ni siquiera ahí los jugadores la revolearon, cuando quizás era necesario. Cuando el Globo tenía un corner a su favor, el réferi señaló la mitad de la cancha y los tres puntos se fueron para Boedo. Los chicos celebraron en una montaña humana. El barro los maquilló como gladiadores, nada más que sin espada, sino con galera y bastón.
Mundo Azulgrana:
Leandro Rebreg; Damián Weintraub, Lucas Márquez, Ignacio Bonavena y Tomás De Brito; Facundo Milone, Fernando Bagnera, Juan Manuel Ludueña y Facundo Rugiero; Agustín Ferri y Maxi Álvarez
* Ingresaron: Federico Suárez, Joaquin López, Castor López, Agustín Colombo, Javier Peverelli y Elvio Garay.
Marcelo Buontempo
Redacción Mundo Azulgrana